
Flexibilidad y desregulación como palabras que sugieren libertad (que desprotege). Y la reforma laboral como si no hubiese habido antes ninguna...
Adjetivos y sustantivos revelan el carácter más o menos excluyente en cualquier ideología. Cuatro días antes de morir Franco (16-11-75), el entonces director de Diario de Navarra escribió sobre el carlismo, refiriéndose a "los restos de una fuerza gloriosa":
"Al mismo tiempo que una realidad política, ha sido algo así como un estado de perfección -quizá por demasiada influencia católica- al que nadie llega y pocos se aproximan". (...)
"Porque sería estupendo, en un futuro plural que irremediablemente se nos llega, contar con una fuerza tradicional, lógicamente evolucionada pero mantenedora de raíces de monarquía y catolicidad, consecuente con lo mejor y más sano de nuestra historia. Un ingrediente más, pero importante y necesario, en lo que se nos avecina".
El 8 de mayo de 1976 este mismo director volvió a referirse al estado de perfección:
"yo siempre he defendido que no hay carlistas, como no hay santos, porque ambos son un estado de perfección inalcanzable".
Saber más: Sin conciencia compartida
Érase una época en la que la reivindicación de la democracia se tachó de maximalismo. A pesar de ello en sectores conservadores que seguían -y seguirán- viendo en Franco a un patriota católico, caló la sensación de la inevitabilidad de un cambio si se quería a España dentro de Europa. Adaptarse al presente sin renegar o renegando poco del pasado. Esa generación imbuida de franquismo, además de un destacadísimo papel en la Transición, fue la que educó a la que tiene entre treinta y sesenta años, la que ocupa hoy la vida política, laboral y social en España.
Lo cierto es que no hubo ni hay una conciencia compartida del terrible daño que hizo el franquismo a la convivencia.
Juan María Bandrés, en 1977 una de las cabezas visibles de Euskadiko Ezkerra, justificó ese año haber coreado unos gritos ajenos de "Gora ETA" y "ETA, herria zurekin" (ETA, el pueblo contigo) catalogándolos en Punto y Hora de Euskal Herria (8/14-12-77) como una "muestra del reconocimiento que el pueblo tributa a lo que ha sido ETA en su larga historia", y ligándolo a ETA Político Militar y no a ETA Militar. Bandrés dijo también:
"Si hacemos abstracción de todo el contexto de determinadas acciones indudable que una muerte es condenable desde el momento que supone una violación de un derecho fundamental de la persona; pero este simplismo no es aplicable al caso vasco. Es deshonesto separar un hecho concreto de todo un contexto histórico muy largo y muy amplio (...)"
Por aquel entonces Federico Krutwig, considerado una de las cabezas pensantes de ETA, afirmó en la revista Punto y Hora (16/31-1-77) preguntado por "el radicalismo político en el País vasco":
"Eso lo ha provocado el franquismo. Un movimiento revolucionario tiene que provocar que el enemigo pegue, ya que esto es una ayuda para la causa. La gente no se preocupa hasta que el enemigo pega, cuando pega, es cuando se preocupa".
"Cada cual es hijo de su biografía. Comprenda que era difícil para mí distinguir entonces una bandera que hoy es de todos los vascos y que originariamente fue del PNV. Distinguirla en relación con los símbolos que pudiera atentar contra la unidad nacional. Pero la no legalización de la ikurriña estaba provocando atentados y muertes, y la propia Guardia civil estuvo de acuerdo en la decisión de legalizar la ikurriña". (Ikurriña aparecía en cursiva).
Bastantes años después, con los socialistas ya en el poder, Martín Villa justificó su posición contraria "a cualquier tipo de depuración" policial en aras de la seguridad, la libertad y el estado.
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Término arriesgado desde el punto de vista de la pluralidad, y a veces indicio de sensibilidad social. Una de las acepciones del término, según el DRAE, se refiere a la "gente común y humilde de una población". En todo caso, pueblo se empleó profusamente desde la izquierda pero también en la derecha. Ahí están por ejemplo los eslóganes del referéndum para la reforma política: "El pueblo toma la palabra" y "Habla, pueblo", con su pegadiza y repetitiva canción. El propio Adolfo Suárez, que antes de UCD había formado parte de Unión del Pueblo Español, en la víspera de dicho referéndum pidió el apoyo "de la mayor parte del pueblo español". Y fue en la Transición cuando nacieron Unión del Pueblo Navarro y Herri Batasuna. Hoy el término pueblo, en fenómeno paralelo a la despoblación rural, ha ido desapareciendo del léxico político en favor de ciudadanía, pero desde la Transición, la derecha española no ha dejado de abrazar el apellido popular, que tal vez por esa razón, se haya ido cargando de connotaciones conservadoras.
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"Hablamos el mismo "lenguaje" que el pueblo. Porque también somos pueblo".
Publicidad del diario Deia, tomado de Punto y Hora de Euskal herria (29 de junio-5 de julio de 1978)
(del prólogo del libro "Después de Franco España", de Ramón Chao, septiembre 1975 (Ediciones Felmar):
"No se podría decir que existe una clase política si no se pudiera afirmar de quienes la integran que poseen el pragmatismo suficiente para ver las cosas como son y no como quieren que sean. Durante muchos años se ha acusado a la oposición española de quimérica y soñadora. Quizá haya podido ser cierto, pero hoy no lo es (...) Hoy lo quimérico de la vida política nacional está en quienes creen que andan estando quietos, es decir, en la oligarquía inmóvil".
Para Tierno Galván, esa clase dirigente estaba interesada en "entrar en formas más propicias al neocapitalismo". El libro ofrecía un extracto del programa de su partido político, entonces el PSP, en el que decía que "la democracia es una conquista histórica asumida por el socialismo", pero consideraba también que "la sociedad socialista es inseparable de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción".