16 noviembre 2018

La "concordia", esa palabra mágica en el PP

Porque conecta con la marca Adolfo Suárez. El uso y abuso del término puede llevar al ridículo, como cuando Casado en octubre, abogó por aplicar de nuevo el 155 para "restaurar la concordia".

Hace siete años Rajoy afirmaba en ABC (29-5-11):

"Hemos vivido unos años de mucha división y mucha propaganda, ahora toca concordia y autenticidad, por ahí también vendrá la regeneración de la vida pública". 


¿Y qué decía por aquel entonces Mayor Oreja? Abrazarse al nacionalismo (español):


"Sin Nación, los españoles no podremos regenerar la justicia, la educación, la economía y el entramado institucional". 

(ABC 28-5-11)


12 noviembre 2018

España ante su historia

En el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial España se enfrenta a su propio calendario. En cinco años se cumplirá un siglo del comienzo de la dictadura de Primo de Rivera. Si el Estado español sigue en crisis, las efemérides sistémicas (1923, 1931, 1936) seguirán siendo turbadoras cien años después. Como un recordatorio de asuntos no encarrilados o no del todo solucionados, que se pretenden abordar mediante un giro a posiciones marcadamente de derechas cuando no lindantes con la ultraderecha, que intenta forzar al PSOE a no moverse una coma de posiciones centralistas excluyentes.
El proyecto nacional español ya no lo cose el catolicismo, ni el ejército, ni la guardia civil, ni siquiera la gran banca. Poderes fácticos que siguen dejando marca en el paisaje identitario del nacionalismo español, que pero que no son el pegamento. No lo pueden ser. De ahí el miedo y el vacío en el sector más conservador, cuando por otra parte ni siquiera hay una memoria verdaderamente común de los sufrimientos padecidos. En el primer cuarto del siglo XXI el proyecto nacional español no brilla por su capacidad de integración ni por su potencialidad de actualizar un pacto producido al caer una dictadura de cuatro décadas, que con todo, hablaba de nacionalidades. Hoy el Estado español se niega a ser plurinacional. De ahí que en Catalunya, Euskadi y otros territorios genere amplio rechazo o desconfianza. Una realidad que se suele intentar contrarrestar con más orgullo que honestidad. Ahora mismo en ese marco manido de la Transición, no se sabe si estamos en un momento evolutivo, del todo involutivo o en un intento de continuidad condenado al fracaso. Un ejemplo concreto: que la pregunta clave desde hace un año sea cuánto manda y cuánto arbitra Felipe VI en España, porque el balance se perciba muy descompensado, igual dice bastante de la calidad y transparencia democrática en el Estado.
Otro ejemplo e hipótesis posible, ligada también a la imagen de la monarquía: la sentencia por el juicio a representantes políticos catalanes pinta para junio de 2019. También un mes de junio, pero de 2010, el Constitucional sentenció sobre el Estatut. Así que el nacionalismo español puede cometer su tercer gran error en Catalunya en menos de una década. Pero resulta que este grado de coerción para que los catalanes/as no puedan decidir qué quieren ser y con quién quieren estar, en vez de infumable les parece escaso a PP, Cs y Vox.
Con todo, estamos en un momento político depresivo generalizado. El desgaste o la amenaza de desgaste es transversal. La percepción de que las cosas pueden ir a peor (en sentido polisémico) está ahí, muy trenzada. Todos los partidos (en el poder y en la oposición) se arriesgan a perder aceptación o estancarse en función de lo que hagan los próximos meses. De ahí parte de la sobreactuación. Y del cansancio existente.
Coincide curiosamente este trance con un relevo generacional rotundo. Sánchez tiene 46 años. Casado 37, Iglesias 40 y Rivera a días de cumplir 39. Media de 40,5 años. Comparada con la de 1982 (los 54,25 de González, Fraga, Carrillo y Suárez) o con la de 1977, que fue 49,25, la diferencia es significativa.

03 noviembre 2018

La crisis de la monarquía

La monarquía necesita proyectar una imagen idílica de sus monarcas, mitos por razón de Estado. Para guarnecer un sistema que se hereda y agrandar su aureola se requiere de una poderosa estructura aduladora que oculte cuestiones espinosas.

Lo que ocurre ahora, a diferencia de los años ochenta y noventa, es que por mucho que sea protegida, o precisamente por ello, la monarquía no puede concitar el apoyo que desea. Es la inercia democrática. Y por supuesto, Felipe VI no ha encontrado los réditos en el discurso del 3 de octubre que su padre encontró el 23-F. Y es que las aureolas, en la sociedad de la información son más complejas de instalar.


Casado como producto

Casado: su idea de unidad no une. Su concepción del orden asegura inestabilidad. Político busca titulares por excelencia, aunque la repercusión no asegure la reputación. Las prisas le pierden. Quiere hacer una carrera política exprés, marca de la casa. Así que seguirá en la banda derecha para polarizar, y así neutralizar a Rivera e intentar llegar a la Moncloa. Sin embargo, en unas elecciones mucho centro irá a Sánchez, que con presión del 'voto útil' ganará también electorado a la izquierda. Conclusión: en principio no desfavorable para el PSOE.

Falta en todo caso, algo más de perspectiva. Ahora mismo no está claro si Casado va a ser un segundo Aznar, un segundo Hernández Mancha o ni una cosa ni la otra. Atendiendo a las respectivas biografías, si fuese una suerte de Hernández Mancha dejaría la presidencia del PP en 2020. Si fuese lo primero, estaría influyendo en 2046.

Lo que ya se puede observar es que Pablo Casado no es un verso suelto, sino el producto estrenado de una vieja ideología que abraza el dogma, cree en la imposición y rotula muy grueso, con poderosos altavoces y apoyos que buscan amedrentar al PSOE.


Por cierto, no hay proyecto posible de centroderecha extrema derecha. Pretensiones de este estilo son de derechas y muy de derechas.

La Constitución cuarentona

"La Constitución que votamos todos los españoles", dice Carmen Calvo, no la votó por edad ni el presidente del Gobierno, ni la ministra de Justicia, ni la ministra de Hacienda, ni la de Economía y Empresa, ni la de Política Territorial, ni la de Energía, ni el de Ciencia, ni...
Aparte: una Constitución contra el independentismo no es una buena Constitución, si encima invoca la fuerza militar. La Constitución es un producto del siglo XX español, y tiene aciertos. Pero para lo que viene de siglo XXI debería regular el derecho a decidir, no prohibirlo de facto.
En 1978 el peso de cuarenta años de dictadura facilitaba exigir al nacionalismo que se olvidara del independentismo y a la izquierda que se olvidara de la república. Los límites del 78 son palpables en 2018, gracias a la inercia democrática.
Hay un centralismo que se siente fuerte que no ha querido, no quiere y no va a querer pactar nada con el independentismo catalán. No busca el acuerdo, sino el castigo. No traerá la solución, sino que cronificará el problema; no defiende la unión, sino un sometimiento.
Viendo la relación entre Sánchez y Casado se adivinan las posibilidades de reformar la Constitución.