30 diciembre 2007

"Esfuerzo"

Con tanta competitividad es imposible que se extinga la cultura del esfuerzo

Dicen que vivimos en una sociedad que no valora el valor del esfuerzo. Algo de eso puede haber, porque el éxito es el lucro veloz, porque manda lo ligero y el divertimento, y porque seguramente vivimos con más incertidumbres e inestabilidades, por lo que la inmediatez tienta más. Sin embargo, también es posible que estemos ante una consigna interesada de la competitividad, esa que exige trabajar más por menos y apretar los dientes hasta desgastarlos. Sólo sé que escarbando un poquito en la intimidad de muchas personas, palpas las consecuencias del sobreesfuerzo y la dificultad de aflojar el lastre de ciertas exigencias y autoexigencias que portamos en el lomo, que lejos de hacernos mejores nos enferman. Y de ahí las terapias, y la autoayuda, y tanta válvula de escape, en busca de la distensión con uno mismo, con su entorno laboral o con sus horarios.


Saber más:


  • En 1984 en el Club Siglo XXI de Madrid Manuel Fraga (reflejado en su libro "El estado de la Nación" (Planeta 1985) habla ya de una "ideología del mínimo esfuerzo":

"La mayoría de las gentes han sido imbuidas a no aceptar ningún sufrimiento o contrariedad, ninguna lucha esforzada, ninguna falta de confort, ninguna restricción al consumo, y el tema comienza ya por los juguetes de los niños. Se exige en todo una satisfacción inmediata; como ello es imposible, se vive en una insatisfacción permanente. Así se va a un mundo infantilizado, de falso cuento de hadas; de "tibieza mortal", porque el riesgo y el esfuerzo son partes indispensables de la condición humana. La "ideología del mínimo esfuerzo" rechaza lógicamente que pueda haber premios para los que se esfuerzan; no acepta ninguna excelencia ni jerarquía".

18 diciembre 2007

"Buenismo" y "decencia"

La derecha habla a menudo del "buenismo" como una muestra de sentimentalismo flácido, pueril, relativista, utópico y amenazante

Dice que el "buenismo" encierra una tendencia al “dialoguismo”, a no respetar la autoridad ni la tradición, etc., etc. Más allá de que la realidad es poliédrica, y que este discurso merece de entrada consideración, tanto ismo suele esconder el argumentario justificatorio de un pensamiento duro, agrio, con escasísima autocontención.
¿Qué es lo contrario al "buenismo", la "decencia"?
  • "España necesita que el PP gane las elecciones para recuperar la decencia y el prestigio en el mundo".
Mariano Rajoy, tomado de ABC (11-6-04)
  • "En la doctora Rice (Condoleezza), el mundo verá la fuerza, la bondad y la decencia de nuestro país".
George W. Bush (La Vanguardia 17-11-04)


Saber más:
  • Escribió en 2003 Miguel Ángel Rodríguez en La Razón: "Las imágenes de la guerra son terribles, y mucho más ver a una niña herida. Pero la política no consiste en agarrarse a estas cosas(...)". En esa época (invasión de Irak) Manuel Fraga afirmó: "el problema no es el de saber si hay víctimas, porque es como si se me dice si no sería para reconsiderar el uso de automóviles en las carreteras porque en Estados Unidos cada año muere el equivalente de la población de Lugo".


  • Reportaje en Informe Semanal (20-1-07) sobre el economista y escritor José Luis Sampedro
Sampedro, que en 2003 escribió "Los mongoles en Bagdad", habló de la guerra de Irak como ejemplo de “tecnobarbarie”. Formidable definición para el desprecio sofisticado de los derechos humanos, que ha sumado con violencia, tecnología y marketing un aplaudido paquete al servicio de supuestas razones de estado.

Por cierto, según el expresidente del Gobierno José María Aznar (declaraciones de diciembre de 2006), nuestra democracia “depende” de Estados Unidos.

  •  "No se bombardea salvajemente a quien se respeta". Patricia Amigot en Diario de Noticias (3-5-04).

17 diciembre 2007

La democracia, proceso "continuo de construcción"

Mucho más que una mera alternancia a lo Cánovas y Sagasta, la democracia es una construcción colectiva permanente, que conforma una cultura de autocontención y autocuestionamiento
Cultura que requiere mestizaje, sentido de nuestros propios límites y de nuestros riesgos autoritarios. En una palabra, humildad. Democracia es mucho más que tolerar a los que no son nuestros. Exige escuchar y también una preocupación por la igualdad efectiva de las oportunidades, sensibilidad real con los sectores más vulnerables, inquietud por aquellos que no pueden valerse por sí solos, los que tal vez no dan votos, ni escriben artículos ni siquiera montan huelgas. Treinta y pico años de democracia deberían haber ayudar a empatizar mejor y comprender los límites de nuestros propios puntos de vista. La política también es pedagogía de la complejidad, y no sólo sobreactuación de cara a la hinchada o a la clientela. El camino a la democracia, que empezó en la Transición ni ha concluido, ni puede concluir, porque ninguna democracia tiene el progreso asegurado per sé.
Saber más:
En la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, editada por el Centro de Investigación para la Paz, se fijan en la calidad de la democracia
“La creciente tecnificación, mercantilización y oligarquización de la actividad de unos partidos casi exclusivamente centrados en las cuestiones del poder, ha propiciado la advertencia, proveniente de los sectores más críticos, de que en realidad nos encontramos –más que en un proceso de profundización y mejora de la democracia– encallados en medio de la cratopolítica (esto es, en una actividad reducida a girar en torno a las cuestiones de poder en las instituciones)”, se dice en la introducción, firmada por el director del CIP, Santiago Álvarez Cantalapiedra.
El texto reclama prestar más atención al tipo y calidad del debate público, el grado de arraigo social de la participación, el nivel de confianza y reconocimiento de las instituciones políticas por parte de la ciudadanía o las actitudes y valores que conforman la cultura democrática entre la población.
Álvarez Cantalapiedra defiende un concepto de la democracia como el “gobierno mediante el debate”, un proceso “continuo de construcción”:

Más que un orden instituido, es un proceso instituyente que hay que impulsar con el esfuerzo y la participación ciudadana, ya que en caso contrario, si no suscita implicación y echa raíces profundas en el tejido social, termina por agostarse y mantenerse como un tronco vacío. Sin la existencia de condiciones para la expresión audible de las voces de la gente y sin mecanismos de participación y deliberación públicos, la democracia se convierte en un mundo de sordos y mudos a los que se convoca ceremoniosamente a un ritual cada cierto tiempo”.

Podría ser un punto de partida humilde, pero útil: no hay partidos ni empresas ni democracias ni organizaciones sociales inmejorables. Ni sabelotodos ni sabelonadas. Siempre hay margen para intentar ser más demócrata y reconocer nuestros límites.