14 agosto 2007

"Normal", concepto políticamente resbaladizo

En política se habla mucho de normalidad y de lo normal, conceptos que sirven para marcar posición y legitimidad, pero discutibles
¿La “gente normal” quiere la condonación de la deuda externa para África?, ¿Defiende que se gaste menos en cuestiones militares? ¿Desea que cambien las reglas del comercio internacional? ¿quién es la gente normal? ¿dónde está la normalidad?
No está tan claro.

En cualquier caso, para luchar contra la desigualdad se necesita apertura de miras, para asumir un desafío pendiente, (reformando las reglas del comercio internacional, por ejemplo), avanzando en políticas redistributivas internacionales, y en conciencia democrática colectiva. Recordando que la libertad de los más fuertes acaba donde empieza la de los más débiles. Eso es alto civismo, eso es necesidad. A menudo, sin embargo, vivimos como si no hubiera futuro, o como si el presente fuese inmanejable y no tuviese capacidad de condicionar los años venideros. A corto plazo el futuro se presenta incierto, difuso. Y a largo plazo no lo veremos.
Tal vez por ello no hay grandes esperanzas colectivas, ni proyectos que alimenten tales esperanzas, según el filósofo Daniel Innerarity, lo que puede explicar las dificultades de distinguir lo importante de lo postizo, lo brutal de lo normal, y construir un mundo que diga no a los crecimientos pésimamente distribuidos y sí a una prosperidad mejor entendida (más extendida).
Para ello hace falta conciencia crítica. Para Innerarity (El País, 4-1-04): “muchas veces (la crítica) no se ha hecho bien, con escasa observación y demasiada seguridad”, por lo que “el peor enemigo de la crítica es la crítica misma mal realizada”. Advertía este filósofo que “los sistemas se hacen inmunes frente a la crítica asumiéndola” por lo que “no hay nada mejor para neutralizar una rebelión desde el poder que ponerse de su parte” ya que “la negación del sistema es introducida en el mismo sistema, que de este modo se hace inatacable”. Por todo esto, concluía, “la crítica intelectual resulta hoy tan exigente como difícil de realizar. Su eficacia crítica tiene poco que ver con la radicalidad de sus formulaciones y mucho menos con el convencimiento por parte de quien la formula de estar poniendo en apuros al sistema criticado”. Mantener una actitud abierta a la duda, no desentenderse de lo complejo, y no confundir crítica intelectual con agitación polémica superficial son algunas de las recomendaciones de Innerarity para poder hacer visibles nuevos aspectos de la realidad.
Saber más: El valor de la utopía
  • "La utopía actual no es el proyecto completo y definitivo de una sociedad apartada felizmente de la historia sino la conciencia mantenida de que las cosas que hacemos, nuestros proyectos y opiniones, podrían ser mejores de otra manera y de que es bueno mantener esa probabilidad abierta aun cuando estemos casi seguros de que nuestra posición es inmejorable".
Daniel Innerarity, Diario de Noticias (29-10-03)

  • El escritor francés Théodore Monod expresó que utopía no es lo irrealizable, sino lo irrealizado.

09 agosto 2007

"Soñamos con morirnos de viejos"

La desmesura neoliberal provoca recesiones humanas

“Los indígenas soñamos con morirnos de viejos”, dijo Guzmán Cáisamo, vicepresidente de la organización Indígena de Antioquía. La falta de esperanza de vida es inseguridad ciudadana a la potencia.
Sin embargo, aunque se sabe qué pasa, y se sabe para que no pase, como mucho los gobiernos del Norte se compadecen un poquito y reconocen que la situación es inaceptable. Consenso estéril y neutralizante si desde la política no se ponen más medidas para romper la costumbre.
Y no se toman porque redistribuir es un infinitivo de altísimo riesgo: ¿cambiando las reglas comerciales se ganan elecciones o se corre el riesgo de perderlas? La macro desigualdad pareciera un micro problema, y su indignidad no produce indignación. La deontología política no se renueva ni se revisa. La equidad internacional no emerge porque el debate se detiene en el crecimiento. Cierto es que la proporción de personas en extrema pobreza desciende, pero el coste humano sigue siendo tan alto como injusto. La desnutrición debería ser un anacronismo, pero su perdurabilidad demuestra lo difícil que resulta consensuar valores de convivencia.
El neoliberalismo abraza la competencia, pero como mínimo se muestra romo con la concurrencia desigual de poderosos y desprotegidos. Cuando no hay regulación que atienda los derechos laborales, se distorsionan los precios, y hasta la misma economía, convertida en abono de injusticias. Alpha Oumar Konaré, (en la foto) expresidente de Mali y de la Comisión de la Unión Africana, decía en junio de 2006 en la revista Mundo Negro: “Uno de nuestros dramas es que nuestras materias primas se venden a unos precios que nosotros no fijamos”.
Sin garantías sociales, malestar para unos y beneficios casi garantizados para otros. Otra economía debe ser posible, menos lucrativa para algunos, más justa para todos. En 2002 la entonces presidenta de Médicos del Mundo Pilar Estébanez oponía en el número 96 de la revista Temas para el Debate el término universalización frente a globalización, para comprender que “antes que por mercancías y beneficios el mundo está formado por personas y por culturas”.

AÑADIDO POSTERIOR:
La toldería de la plaza uruguaya, artículo publicado en un diario paraguayo, elegido por la organización Survival como “el artículo más racista del año” (13-9-07). Recogido del blog  El Yacare.

07 agosto 2007

ONG: para cambiar las cosas hay que saber analizar y comunicar

Filosofar es un infinitivo que no tiene demasiada buena prensa, porque a menudo la reflexión se percibe estéril. La cooperación para el desarrollo no es ajena a esta tendencia, y sin embargo, necesita mucha más preparación filosófica

En esta sociedad epidérmica hay más oportunidades en los eslóganes, la síntesis y la repetición. Escasean los pensódromos. Cuando hay poca filosofía muchos debates pasan de puntillas, la política se achica y se agranda el marketing. Con poco contenido se puede crear mucho estilo. Por eso, seguramente, existen más marcas que ideas, y más estrategias que principios.

Las organizaciones no gubernamentales también necesitan más filosofía. Porque para cambiar las cosas hay que saber analizarlas. El campo de trabajo de las ONG se asienta en algo tan complejo como las relaciones internacionales, la política y la economía. Para ser lobby, para crear pensamiento y no sólo sensibilidad, es necesario investigar y reflexionar, para después desarrollar campañas novedosas, con una solvencia comunicativa en el fondo y en la forma. La visibilidad no es un fin en sí mismo, el reto reside en cómo gestionarla, y para ello es fundamental renovar la forma de hacer comunicación, dotándose de un mensaje mejor armado, con más fuerza argumental. Sería deseable que las ONG transitasen más por este camino:

  • Reclamando voluntad política para erradicar la pobreza, una anomalía intolerable para cualquier demócrata.
  • Recordando que la lucha contra la pobreza está ligada a los derechos humanos.
  • Mejorando sus propias portavocías. Reclamando con más convicción que la política gobierne a la economía, y que la economía sirva mejor a las personas.
  • Defendiendo un Nuevo Orden Comercial, los Objetivos del Milenio y las reformas institucionales precisas para hacerlos posibles.
  • Asumiendo la extensión de las oportunidades, como forma de profundización democrática.
  • Apelando a la ética del bien común. Promoviendo cultura.
  • Analizando la indiferencia y la placidez consumista.
  • Criticando el nivel de gasto militar y el comercio estratosférico de armas.
  • Denunciando las tomaduras de pelo oficiales en forma de promesas que no se cumplen; de medidas paliativas por un lado y enfermizas por otro.

    Todo un reto, nada sencillo, que no puede esperar.

Más información:

Publicidad de la Coordinadora de ONGD de hace unos años. El eslogan decía: “Seamos realistas” y en el cuerpo de texto se preguntaba:

"¿Por qué el Sur es mucho mayor de lo que aparece en los mapas? ¿Por qué pintamos un mundo tan distinto del real? ¿Por qué no reconocemos que muchos de los problemas de ese Sur tienen su origen en el ritmo de vida que llevamos en el norte?"

El anuncio terminaba con una nueva apelación al realismo:

“Seamos realistas. No nos engañemos. El Mundo sólo cambiará cuando cambie la visión deformada que tenemos de él"


01 agosto 2007

Violencia y paz también arraigan con lenguaje

La violencia tiene adeptos entre quienes la encuentran práctica

Para destruir ideas destruye personas. Sus promotores lo saben lo apoyan o lo disculpan; sus víctimas lo padecen y lo recuerdan.
QUIEN EJERCE LA VIOLENCIA PIENSA QUE LOS QUE TIENEN QUE APRENDER LA LECCIÓN SON QUIENES LA SUFREN O LA PUEDEN SUFRIR.
Para quienes ejercen la violencia, las dudas y las preguntas son malas consejeras. La justificación a sus actos requiere todo lo contrario.
NUNCA SE RECONSTRUYE TODO LO QUE SE DESTRUYE.
La guerra es también un negocio donde unos ganan dinero o influencia, y otros pierden la vida. La industria de armamento necesita que el mercado crezca. Así los negocios serán más altos y las economías de los fabricantes más saludables. Que “el prestigio nacional” se construya apoyando guerras indica los parámetros en los que se mueve el mundo.
¿Hay guerras controladas por la inteligencia y no el apasionamiento? Cuando la gente se mata en el frente y comienzan las venganzas, cualquier teorema, incluso no malintencionado, se ve superado por el horror.
LA LUCHA CONTRA LA POBREZA ES ALTA POLÍTICA Y BÚSQUEDA DE UNA PAZ REAL.
Es un ideal social, liberal y fraterno de la conciencia humanística: incluir a millones de personas en el derecho a un bienestar elemental. Como afirmó el Dalai Lama en 1989, en su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, “La comprensión de que somos básicamente seres humanos semejantes que buscan felicidad e intentan evitar el sufrimiento, es muy útil para desarrollar un sentido de fraternidad”. Su visión profunda del pacifismo se resume en estas líneas:

“La paz, en el sentido de ausencia de guerra, es de poco valor para alguien que se está muriendo de hambre o de frío. No eliminará el dolor de la tortura infligida a un prisionero de conciencia. Ni tampoco consuela a aquellos que pierden a sus seres queridos en inundaciones causadas por la insensata deforestación de un país vecino. La paz sólo puede durar allí donde los derechos humanos se respetan, donde la gente está alimentada y donde los individuos y las naciones son libres”.

Más información:
"En guerra, exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en 2004). Algunas ideas (El País, 20-3-04), de los comisarios de la muestra:
- La socialización de la violencia: "los niños juegan a la guerra", "existe una industria militar y un ejército profesional", "hay toda una industria del entretenimiento". "Un sustrato cultural posibilita la existencia de la guerra".
- El enemigo: "sin enemigos no hay guerra", "para justificar la destrucción y la muerte del otro antes tienes que deshumanizarlo y satanizarlo".