14 agosto 2013

Cómo vendía el franquismo a Arias Navarro y cómo se vendía él

  Arriba, así informó el Nodo de su nombramiento como presidente.


El lenguaje de Carlos Arias, adulador y barroco- Cuatro ejemplos

  • Al conocerse su nombramiento como ministro de la Gobernación (1973) Arias su "inalterable admiración " por Franco, con este discurso manipulador:

"A él le fue entregada una patria pobre, con gravísimos enfrentamientos interiores, anémica, sin pulso, y nos ha dado esta España de hoy, que sorprende por su pujanza económica, nivel de vida, paz y bienestar, una nación en imparable desarrollo con participación de todos los españoles. Una nación firme en su unidad, con insobornable voluntad de paz, lanzada al progreso, segura de la continuidad (...)"

  • Entrevista en La Vanguardia, 27-2-75, citada en El precio de la transición, de Gregorio Morán


"me he sentido permanentemente asistido por la confianza y por el ejemplar magisterio de Su Excelencia el Jefe del Estado. Su dilatada experiencia, su excepcional categoría de estadista, el profundo conocimiento que tiene de España, de los problemas que la Patria tiene planteados, hacen de él no un consjero, sino un maestro indiscutible e inimaginable...Yo creo que no es necesario ni siquiera un monosílabo, basta con un gesto de Su Excelencia para que me encuentre ya confortado y asistido en la decisión que debo proponerle".


  • Febrero de 1975. Arias Navarro descartó en Televisión Española el agotamiento del régimen y se dirigió "a todos los que puedan albergar esa duda sobre posibles tibiezas, flaquezas, desalientos", y les dio "un medio de disipar su duda inmediatamente":

"que se acerquen al palacio del Pardo, que aunque sea desde la lejanía, contemplen esa luz permanentemente encendida en el despacho del Caudillo, donde el hombre que ha consagrado toda su vida al servicio de España, sigue sin misericordia para consigo mismo, firme al pie del timón, marcando el rumbo de la nave, para que los españoles lleguen al puerto seguro que él les desea".





  • Enero de 1976. Ya muerto Franco, Arias dio un discurso en las cortes en el que consideraba al conjunto de los procuradores "albaceas" del dictador. 
Arias fue capaz de hablar en una misma frase de los "enemigos" de España y de España como "empresa común". Un franquista hasta los tuétanos pretendía conciliar dictadura con reforma, invocando la "moderación" y defendiendo a la vez el 18 de julio y sus principios derivados, "semilla fecunda en frutos de convivencia entre todos los españoles". Aun así, el sucesor de Carrero a ojos de los sectores más ultras, carecía supuestamente de la firmeza necesaria, y recibió por entonces el apodo de "mantequilla", aprovechando la coincidencia de su apellido con la famosa marca láctea. 

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