29 octubre 2007

Cuando parece que la globalización fuese intocable

¿Qué se puede enseñar sobre las causas de la pobreza?

La educación siempre aporta valores. Una asignatura que proporcione pautas para cuestionar la pobreza y la extrema desigualdad, que pueda ayudar a ponerse en la piel de los demás, que combata discriminaciones y violencias, no es una mala noticia desde el punto de vista pedagógico.
En cualquier caso, la pluralidad de libros e idearios en Educación para la Ciudadanía es manifiesta, y encontrar argumentos criticables entre lo publicado, además de legítimo, puede ser útil y razonable. Como escribe el filósofo José Antonio Marina (en la foto), la Educación para la Ciudadanía “puede utilizarse como medio de adoctrinamiento, pero también puede hacerse esto con la historia -de hecho se está haciendo- y a nadie se le ocurre por ello quitar la asignatura”.

Sin embargo, parece que prime una crítica a la totalidad. La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) ha protestado en un documento porque en la asignatura Educación para la Ciudadanía hay manuales que “critican” el mundo occidental y la globalización, entre otras muchas cuestiones. ¿Acaso estas dos realidades son incontestables? ¿Es una muestra de “pensamiento antiliberal” afirmar que “la falta de herramientas de redistribución de la riqueza puede tener como consecuencia la multiplicación de la pobreza y la desigualdad?”¿Se puede denunciar en esta asignatura las reglas comerciales actuales por injustas? ¿Y enseñar que la desigualdad crece en el Mundo? ¿Oponer el hambre de mil millones de personas a la obesidad creciente en países del Norte? ¿Defender un concepto de paz más profundo que incluya el bienestar y la justicia?
Que en capas tan influyentes de la sociedad se niegue la existencia de factores estructurales de la pobreza debería provocar estupor, y cambios cualitativos serios en la forma de comunicar de muchas organizaciones sociales.

Más información:
José Antonio Marina es el autor de un libro de texto para EPC. En manifestaciones a Diario de Noticias, hace unos meses este filósofo definió así la educación para la ciudadanía:

“un tratado de ética básica aplicada a la vida en la ciudad, a la familia y a la participación política: qué debemos respetar, qué sentimientos nos impiden la convivencia, cuáles son los valores del sistema político en que vivimos, por qué no nos entendemos, aceptar otras culturas, cuál es la situación de la mujer en otros países y por qué hemos sido tan injustos con ellas en España, respetar las religiones... Son cosas muy necesarias y se enmarcan en la declaración de derechos humanos. ¿Quién puede decir que eso es malo?”

En su libro "la inteligencia fracasada" (Anagrama, 2004) Marina ejemplifica como "fracaso de la inteligencia compartida" el aumento de la brecha entre países pobres y ricos.

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