22 junio 2018

Soberanismo e independentismo

Soberanismo es querer poder decidir sobre la independencia, y considerar dicha capacidad de decisión un derecho.
Independentismo es querer independencia, una de las opciones de ese derecho.
Ni soberanismo ni independentismo son incompatibles con el pacto.

Saber más: Decidir o no decidir.
Conviene subrayarlo ahora que tanto se habla de independencia y república. La base de la estrategia política/jurídica/policial del Estado español en Catalunya es contra el derecho a decidir, y después contra la independencia. Olvidar la primera clave, que es previa, distorsiona el enfoque del conflicto. Porque para el Estado español no se trata de la necesidad de mayorías en Catalunya. Se trata de no poder decidir.



Ciudadanos y su regresión

Cuando se reabre tímidamente el debate de la España plurinacional, Albert Rivera aboga por prohibir de facto en el Congreso a los actuales partidos nacionalistas que no sean españoles. Y si son españoles que no sean regionalistas. Dicho de otro modo: al año siguiente de la no independencia de Catalunya, Ciudadanos propone que el Congreso de los Diputados se distancie más de Catalunya. Y también de Euskadi, Galicia, Canarias o Navarra.
Si separatismo viene de separar, Cs y su España imaginaria lo bordan. El partido naranja necesita de un a por ellos institucionalizado y en sesión continua. Su estrategia se escora a la derecha y puede tomar visos de callejón sin salida.

Sucesión en el PP

Rajoy, su particular personalidad contenida y sus despistes formaban un cierto contrapeso en la imagen habitualmente agresiva del PP. Con Cospedal, Casado o Sáenz de Santamaría se acabará ese contrapunto, lo que terminará de escorar el PP a la derecha. Estratégicamente Pablo Casado puede ser un buen candidato contra Rivera pero es un mal candidato contra Sánchez. De hecho, a Sánchez se le allana el camino con Casado, Sáenz de Santamaría o Cospedal.

Saber más: Sobre el carácter de Rajoy.
Joan Subirats, catedrático de ciencia política, El Periódico de Catalunya (22-3-15)

"No es casual que tengamos un presidente de Gobierno que es registrador de la propiedad, ni que la mayoría de los dirigentes sean abogados del Estado. No son perfiles distinguidos por una gran capacidad de adaptación a escenarios cambiantes como los que vivimos actualmente".

11 junio 2018

¿Trudeau)? ¿Macron? Pedro Sánchez

Análisis publicado en Diario de Noticias y Noticias de Gipuzkoa (10-6-18)

“Pedro Sánchez le ha dado una antológica lección de riverismo a Albert Rivera”. La descripción más sintética sobre lo ocurrido estos días en la política española la ha dado el periodista Pedro Vallín. El primer golpe del líder socialista ha sido la composición de su propio Ejecutivo. Que si Gobierno de inspiración Trudeau. Que si Gobierno con toque Macron. Etiquetas que complican la vida al PP y a Ciudadanos, porque la idea de perdurabilidad ha quedado asentada en cuestión de horas en la opinión pública, a base de un goteo de anuncios de carteras que desmienten o complican la posibilidad de grandes cambios.

04 junio 2018

Comienza el efecto Sánchez

Análisis publicado en Diario de Noticias (3-6-18)


Cuenta la periodista Pilar Cernuda en un interesante libro sobre Felipe González publicado en 1994, que durante la histórica noche del 28 de octubre de 1982, el líder socialista no fue del todo consciente del peso del triunfo. Algo aturdido entre un sinfín de besos y abrazos, se dejaba llevar, casi como un espectador de su propio protagonismo. El peso de la preocupación apareció unas noches después, sobrevolando Madrid en helicóptero. Al contemplar desde las alturas aquel inmenso paisaje luminoso, González, sintió el abismo de la responsabilidad.
Historia o leyenda, algún día conoceremos también las íntimas sensaciones de Pedro Sánchez durante este domingo 3 de junio. Su llegada al poder no tiene la explosividad de aquel lejano de 1982, pero es el primer vencedor de una moción de censura. Alcanzar el poder en solo unas horas tiene su miga, se mire como se mire. Desde un punto de vista político y psicológico. Por mucho que quisiera ser presidente del Gobierno, Sánchez no contaba con un giro tan rápido de los acontecimientos, aunque comprendió la disyuntiva del ahora o nunca. Casi no tendrá tiempo ni para gestionar el vértigo. La velocidad de crucero que ha tomado la política española le ayudará. Pero el vértigo brotaba a borbotones entre sus compañeros socialistas en el hemiciclo.

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