09 diciembre 2014

Lo impensable



Artículo mío publicado en Diario de Noticias (8-2-14). Crónica de dos días en Barcelona


domingo por la tarde. Me marcho un par de días a Barcelona. Compro La Vanguardia en la estación de tren, el Alvia viene con retraso. Un cortado y a esperar tranquilamente mientras ojeo el periódico. Noticias y artículos sobre la cuestión catalana, que es también la española; la de una España culturalmente radial, irritada con sus regiones díscolas. Una España faltona a la que nunca faltará una tribuna o un micrófono. La de la mayoría de la Conferencia Episcopal o la de antiguos izquierdistas como Leguina, Redondo Terreros, o Fidalgo. También la de una España más templada, a menudo temerosa de ser acusada de ingenua. Toda esa España oficial es sobradamente conocida en Catalunya. En cambio, la de Antoni Bassas, Jordi Basté o Mònica Terribas, por poner algunos nombres propios, ha sido ignorada en Madrid, y consiguientemente en la mayoría de las autonomías. La desconexión catalana es paralela al apagón de una Catalunya contada en primera persona. Mientras apuro el café, leo a Paul Preston opinando sobre el tema de marras: “Habría que volver atrás para empezar de nuevo desde un punto de partida diferente”. Rebobinar y renovar premisas, ahora que asoma un cambio generacional del carajo vela, que diría Xabier Arzalluz. Pero cambiar el apolillado fondo de armario de 1978 se antoja muy difícil. “Adiós, tercera vía” titula sin ir más lejos en portada El Periódico de Catalunya. Rajoy acaba de pasar por Barcelona. El presidente del Gobierno de España nació en 1955, tenía 20 años cuando murió Franco, y está desprogramado para abordar con imaginación cualquier demanda que suene a catalanismo. El hombre, que no destaca precisamente por tener unos reflejos felinos, se resiste a admitir que la maroma de esa España imperativamente eterna no da más de sí; que un destino obligado no es destino y que una unidad vigilada por las Fuerzas Armadas pierde toda su fuerza. La España que se dijo que cabía en la cabeza de Manuel Fraga, ya no entra en la azotea de como mínimo dos millones largos de catalanes, Los del sí/sí del 9-N, los del sí/no o incluso seguramente los 105.245 del no que votaron en una consulta alternativa sin valor jurídico alguno suspendida por el Tribunal Constitucional.




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