19 octubre 2012

"La importancia de ponerse de acuerdo"

De un artículo de Daniel Innerarity, filósofo en El País (19-10-12),  autor de "La transformación de la política", premio Miguel de Unamuno de ensayo en 2002, advierte que los problemas del mundo  van a peor "cuando se los abandona a la inercia, y se muestra convencido de la necesidad de "respeto mutuo"

"Una democracia, más que un régimen de acuerdos, es un sistema para convivir en condiciones de profundo y persistente desacuerdo. Ahora bien, en asuntos que definen nuestro contrato social o en circunstancias especialmente graves los acuerdos son muy importantes y vale la pena invertir en ellos nuestros mejores esfuerzos. Los desacuerdos son más conservadores que los acuerdos; cuanto más polarizada está una sociedad menos capaz es de transformarse. Ser fiel a los propios principios es una conducta admirable, pero defenderlos sin flexibilidad es condenarse al estancamiento.
La política democrática no puede producir cambios en la realidad social sin algún tipo de cesión mutua".

 "Deberíamos valorar a las personas (o a los partidos, sindicatos e instituciones) no por sus ideales sino por sus compromisos, es decir, por lo que estamos dispuestos a aceptar como suficiente, por nuestra segunda mejor opción".

 "La campaña permanente ha borrado casi por completo la diferencia entre estar de campaña y estar gobernando. Dicho de otra manera: los políticos hacen demasiada campaña y gobiernan demasiado poco".

" vivimos en comunidades muy homogeneizadas y tendemos a fortalecer nuestros prejuicios en la escuela, a través de los medios y las amistades, sustrayéndonos del beneficio del contraste y la diversidad. La educación es muy importante, entre otras cosas, porque en ella se puede ofrecer una imagen caricaturizada o justa de los adversarios y de los otros en general, y mostrar el valor de los acuerdos en la historia de las sociedades. Tal vez sean los medios de comunicación la institución que más ha contribuido a que vivamos en campaña permanente (...)"

 "la democracia es un equilibrio entre acuerdo y desacuerdo, entre desconfianza y respeto, entre cooperación y competencia, entre principios y circunstancias. La política es el arte de distinguir correctamente en cada caso entre aquello en lo que debemos ponernos de acuerdo y aquello en lo que podemos e incluso debemos mantener el desacuerdo".

Saber más: Innerarity: "La acción política siempre implica transigir"

En otro artículo en El Diario Vasco (10-3-08), Innerarity afirmó que en política el éxito absoluto no existe. “Hay que aprender a vivir con ese tipo de frustraciones, aceptar los límites de la política y hacérselo saber a los propios seguidores”


Para este filósofo (foto de youtube), que considera que convencer es consustancial a hacer política, “la acción política implica siempre transigir. Quien habla continuamente el lenguaje de los principios, de lo irrenunciable y del combate se condena a la frustración crónica o al autoritarismo. La persona de exigencias absolutas es incapaz de negociar y termina no obteniendo nada, ni siquiera lo que podría haber conseguido con una estrategia inteligente”.

El problema detectado por Innerarity es que “lo que favorece la coherencia en el seno de las organizaciones suele impedir el crecimiento hacia fuera; en la radicalidad todos -es decir, más bien pocos- se mantienen unidos, mientras que las políticas flexibles permiten recabar mayores adhesiones aunque la unidad está menos garantizada. Lo primero sale bien siempre y se asegura el corto plazo, aunque termina siendo desastroso; lo segundo resulta más arriesgado, sale bien a veces, pero entonces proporciona unos resultados extraordinarios".

El artículo termina con una recomendación: “renunciar a la imposición en aquella dimensión en que nos es posible para que no nos la apliquen en el ámbito en el que no nos resulta deseable”.



Al día siguiente Innerarity publicó una segunda parte.



Saber aún más:


“Entender las razones del contrario” no da caché, escribió la periodista Montserrat Domínguez en un artículo en el diario ADN. Se paga mejor repartir estopa en una sola dirección, con la humildad a cuentagotas. Considerar la posible veracidad de otras ideas ralentiza la producción de argumentos, y desencanta a los encantados de sí mismos, que son muchos y muchas. Por eso las soflamas tienen éxito, son más sencillas y rápidas de escribir. Comercialmente salen a cuenta. Pedagógicamente es otro cantar. Porque alguien puede decir cosas muy poco razonables en nueve ocasiones y acertar a la décima. La razón muchas veces no se mueve en absolutos, sino en porciones. Pero vivimos en una sociedad de etiquetas, en la que la duda parece un signo de debilidad.

No hay comentarios: