26 enero 2010

"A la deshumanización, por el igualitarismo"

Este ha sido el titular de portada del semanario "católico de información" Alfa y Omega, editado por el Arzobispado de Madrid en su número del 21 de enero
En el reportaje interior se afirma que "se cierne la amenaza de la imposición de una totalitaria moral de Estado", y se cita la futura ley de Igualdad de Trato y No Discriminación (de la que no se conoce aún el borrador) , de la que reconoce aspectos potencialmente muy positivos, pero sin embargo, critica que "una iniciativa para evitar la discriminación (...) puede acabar discriminando a aquellos que se oponen a la corriente ideológica general", y pone como ejemplo unas declaraciones de Rodríguez Zapatero a la desaparecida revista Zero, diciendo que no permitiría "que se nieguen los derechos a ninguna familia" resultado de los matrimonios entre personas homosexuales.

Según este reportaje, que habla de "totalitarismo buenista", "la dictadura del relativismo está dejando paso, en una secuencia lógica, a la tiranía de lo políticamente correcto":

"primero se igualan las religiones y los modos de vida y de pensamiento, para al final acabar dando la vuelta a todo y hacer de lo minoritario, la norma, y de lo mayoritario, la excepción. Se empieza defendiendo los derechos de las minorías, con la intención de acabar después condenando a los que no se unen a la corriente de lo socialmente aceptado, a los que no tragan con todo, a los que llaman a las cosas por su nombre".

Y por si no había quedado claro se afirma:

"la libertad religiosa que ha alcanzado Occidente durante siglos está en riesgo de desaparecer, a punto de ser sustituida por la dictadura parlamentaria, o la dictadura de grupos de presión, como el lobby gay, o el lobby abortista".

También se incluye una entrevista a "don Dalmacio Negro" autor de El mito del hombre nuevo, que dice:
"Todo esto viene de la Revolución Francesa y su intento de crear un mundo nuevo partiendo de cero, en un impulso que desde un punto de vista teológico se podría decir satánico".
Y afirma por último don Dalmacio:
"la idea clave de la socialdemocracia es que el Estado es Dios, y esto ha derivado en un culto al estatismo, que es el que estamos viendo hoy".
Por otro lado, en un análisis titulado "Frente al rodillo, libertad" se cita en este número a Benedicto XVI, que escribió que "el desarrollo humano integral es ante todo vocación, y por lo tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos". Sin Dios "o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado".
Además se recuerda una frase de Chesterton: "quitad lo sobrenatural, y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural", y se apostilla:
"no se puede describir mejor el actual rodillo igualitario que, so pretexto de querer el más avanzado desarrollo de todos, no puede por menos que hundir en la miseria más completa a cuantos, creyendo liberarse, se dejan aplastar por tal totalitarismo igualitario. La libertad -como no ha dejado de poner en evidencia la Historia, en especial la del último siglo- sólo existe allí donde se reconoce a su Autor".

Saber más: ¿De verdad que vivimos en el "igualitarismo"? 

Según el articulista de ABC, Hermann Tertsch, sí. Escribe el 8 de enero en este periódico que "todo parte del secuestro del principio de que todos los seres humanos nacemos iguales en derechos ante la ley -fundamento de la democracia y la sociedad libre que nadie discute-. Nacemos iguales en derechos ante la ley y lo somos. Pero eso es todo"
¿De verdad que eso es todo? ¿Hay igualdad sin oportunidades? Afirma Tertsch que al ser humano "nadie tiene derecho a impedírselo (su búsqueda de la felicidad) igualándolo por la fuerza a quien fracasa en ello". Tertsh, preocupado por este supuesto secuestro de la felicidad, invoca "la justicia de la desigualdad" lo "intolerable" del "igualitarismo", pero no de la desigualdad y ni alude a la falta de libertad que genera la pobreza, ni aborda los privilegios, ni la dualización, ni la precariedad.
¿De verdad que con sólo compasión con los fracasados accedemos a una sociedad globalmente más justa y estable?

Saber aún más:
Hace unos meses (26-3-09) Tertsch escribió en ABC otro artículo titulado "palabras malditas", contra “el desprestigio” de términos como “elitismo”, “discriminación” y “prejuicio”:

“Podría casi decirse que con la criminalización del contenido real de estos términos comienza una larga agonía del vigor y rigor en la voluntad de formación de los individuos que acaba desembocando ahora en una sociedad desvertebrada y hundida en la ciénaga de ese sentimentalismo intolerante, hostil al pensamiento racional (…)”
“Personalmente creo que no hay nada mejor contra el totalitarismo que el elitismo, la discriminación y el prejuicio. El elitismo es la vocación de ser que debiera inculcarse a todos los seres humanos desde que comienzan a hablar y entender. Los niños debieran saber desde muy pequeños que todos somos iguales en derechos, pero que precisamente por eso todos tenemos el derecho a perseguir nuestras metas y objetivos más allá de los de otros”.

Precisamente en eso consisten las políticas de igualdad de oportunidades. Disponer del derecho a competir o concurrir en el logro de objetivos. Pero Tertsch mezcla o confunde interesadamente el concepto de discriminación con el de discernimiento:

“La discriminación les parece terrible a nuestros gobernantes y por desgracia a la inmensa mayoría de los educadores, todos amamantados por esas ideas igualitaristas que tanto les gustan a quienes quieren gobernar a masas aborregadas y no a individuos con conciencia de ciudadanos libres. Pero la discriminación ¡ay! lo es todo porque es la libertad que tenemos los individuos a elegir entre las opciones que nos da la vida en cada minuto, desde la compañía a la lectura, desde los placeres a los gobernantes. Discriminar es imprescindible en la elección de los mejores en clase para que no se vean sometidos a la represión que les obligaría a ser igual que los peores. Enseñar a discriminar bien es la base de toda educación. Y es también el fundamento de toda democracia madura y sana porque así se sabrá elegir con criterio y sin dejarse engañar o embaucar por farsantes peores que uno mismo. Y ahí es donde interviene el prejuicio que procede de las conclusiones extraídas por el individuo de su formación, es decir, de las discriminaciones hechas por uno mismo o transmitidas por sus mayores. La lucha a favor del elitismo, de la discriminación y del prejuicio es por eso en realidad la lucha por el criterio, por la libertad del individuo. Por eso precisamente los combaten”.
Pensamiento envuelto en la bandera de la libertad que niega racionalidad a su crítica, e iguala prejuicio a conclusión.
La foto de Tertsch, tomada de youtube, de su programa en Telemadrid.

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