02 octubre 2014

Las capas de la Transición




Hace años visité la exposición En Transició en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.  Un relato de la transición a la democracia menos idealizado, y que salía de sus marcos cronológicos para tratar de entender sus raíces sociales.”Una propuesta de comprensión de un proceso complejo y denso (…) que afecta y se gesta a través de las personas que lo vivieron”, decía su web. Esta exposición recogía un vídeo de turistas preguntados por Franco, ante evidentes muestras de incomodidad. Estas imágenes habían formado parte de otra muestra en la Fundación Tápies, que un visitante colgó en Youtube y reproduzco en la parte superior. En Transició también recopilaba fichas policiales de detenidos por acusaciones como “amancebamiento”, “actos homosexuales” o “posesión de propaganda subversiva”, y proponía una mirada a las torturas realizadas entonces en las comisarías.

La interesante muestra suscitó el recuerdo de mi madre, que a comienzos de los sesenta, como ayudante en el hospital de Diego de León de Madrid,  fue testigo del reconocimiento a un hombre joven, de raza gitana, que acudió a urgencias con dolores por una quemadura. En la mitad de su tronco, por encima de la cintura, una cicatriz supurante de un dedo de profundidad rodeaba el perímetro de su cuerpo.  Ante la extrañeza de los médicos por la gravedad de las lesiones, el paciente contó que había estado detenido en la Puerta del Sol, y sometido a descargas eléctricas.

Entre 1963 y 1977, leí, pasaron por el Tribunal del Orden Público 53.000 personas.

2 comentarios:

Diego Paños Olaiz dijo...

Evidentemente, entiendo cuál es el objeto de tu reflexión, y lo comparto.

Pero quiero ampliarlo y contextualizarlo.

Primero y fundamental: la humanidad está siempre en transición.

Segundo: aunque eso no justifique nada en absoluto de franco y el franquismo, muchos de los turistas que hablan proceden de países que tenían un background cultural nada demócrata, ultranacionalista, sectario, con dirigentes con un pasado divicil de presentar, donde las iglesias eran culpables de justificar abusos y crímenes, y donde se habían llevado a cabo atrocidades contra minorías étnicas y religiosas, y tras la guerra (a finales de los cuarenta) verdaderas limpiezas étnicas.

Así que me parece lógica la incomodidad de los turistas (venían a lo que venían) y su reticencia a mirar, como decía Climov. En cierta manera, hoy, nosotros volvemos la cara para no ver muchas cosas que no nos gustan.

Jesús Barcos dijo...

Muchas gracias por el comentario, Diego, interesante y atinado.