Saber leer


CONSUMA EL LENGUAJE CON SUMA ATENCIÓN


PIENSE LAS PALABRAS, REVISE LOS LENGUAJES, LEA Y RELEA

Cuando se apoyan guerras como si no entrañaran violencia,  cuando se ensalza el patriotismo denigrando el nacionalismo; cuando  para tanta gente es más guerracivilista desenterrar desaparecidos que conservar en las calles símbolos conmemorativos franquistas, o cuando  hay demócratas pro castristas como los hubo maoistas o leninistas, resulta conveniente aprender a revisar el lenguaje político

La comunicación empieza por escuchar. La escucha es un reto porque requiere silencio, atención, contención, humildad, tiempo, mesura... Y es necesaria porque sin escucha se abona el maniqueísmo, la simplificación, el estereotipo, la doble moral. Sin escucha se pierden facultades y oportunidades; estrechamos la perspectiva y la infantilizamos; nos volvemos pelín autoritarios, cargados de cafeína, y escasos de educación.En la revista FP de agosto/septiembre de 2008, Elie Wiesel, catedrático de la Universidad de Boston y premio Nobel de la Paz en 1986 afirmó en este sentido: "un fanático es que no escucha (nada) excepto sus propias ideas. nunca tiene ninguna pregunta, sólo respuestas".

La lectura atenta y comprensiva es una forma de potenciar nuestra capacidad de escucha, y por tanto de mejorar nuestra comunicación. En una sociedad tan compleja y dinámica, nadie nace, pero ya tampoco nadie muere, aprendido. Eso significa ser consciente de nuestros límites, pero también una manifestación de honestidad y rigor. Se trata, en cualquier faceta de la vida, de llegar con nuestra comunicación a un público o base social más amplia, no sólo fidelizar a la que ya tenemos. Incidir más allá de quienes ya están convencidos. 

LA CONVIVENCIA TAMBIÉN SE COMUNICA, CON LENGUAJES QUE TRANSMITEN VALORES

Hay muchos ámbitos de convivencia y muchas formas de entenderla. Por ejemplo, con el llamado Tercer Mundo (tercero porque existe un primero). Convivencia con las causas de la macro desigualdad; con la inseguridad (incluyendo la falta de alimentos, agua potable o medicinas; con los tópicos, los lugares comunes, los clichés. Con el sufrimiento y la violencia; con la pluralidad y la diferencia identitaria(adscripción nacional, política, religiosa, o cultural)... 

La convivencia empieza en nuestros cerebros. Nuestras mentes reciben cada día toneladas de léxico. Por esa razón, no debemos dejarnos manejar por el lenguaje sin comprender bien su significado. Pensar en la convivencia requiere por lo tanto indagar y revisar nuestro lenguaje. Deconstruir las palabras para rastrear el fondo de las cosas. Leer mucho y tener voluntad de no dejar de aprender. De capacitarse en un consumo más reflexivo y sólido de la información, depende también la convivencia. Y de nuestra forma de entenderla, nuestra manera de situarnos ante los problemas y conflictos, la pluralidad social, y sus disensos o antagonismos.

Los autoritarismos parten de una pretensión irrealizable a largo plazo: anular o negar la diversidad utilizando la violencia y la desinformación para imponer su uniformismo. Los autoritarismos apelan al miedo, generan miedo y hasta sienten miedo, porque en su inflexibilidad está a la postre su propia decadencia. Ya sea de izquierdas o de derechas, cualquier imposición aguanta mal el paso del tiempo, el discurrir demográfico de las nuevas generaciones. El autoritarismo es esencialmente sedentario, y tiende a recurrir siempre a una misma fórmula, porque concibe la realidad como algo previsible e inmóvil, cuando la suma de millones de circunstancias da lugar a cambios e imprevistos.

Contra la tentación autoritaria, más ejercicio intelectual.