Saber contrastar

Actualmente disponemos de mucha más información que capacidad de comprensión. Por eso es necesario contrastar y relacionar. Y es que para construir un relato progresista hay que conocer los componentes del relato más conservador



  • Los comunicadores a quien otorgamos nuestra confianza también se equivocan, tienen prejuicios o emociones.

  • La fe ciega en sus enunciados es problemática, porque nadie, ni siquiera cuando se sitúa del lado de la razón, aborda la totalidad de una realidad compleja.

  • Es más fácil masticar el suceso inmediato que las estructuras problemáticas complejas.

  • La propaganda es clara en sus enunciados, pero deforma. Sustituir la realidad por la propaganda es una forma de simplificación o manipulación.
Contrastemos de verdad y extendamos el zapeo a otros medios, por ejemplo el radiofónico:



· Para enriquecernos y no volvernos dogmáticos.

· Para disentir y desentrañar mejor e ignorar menos.

· Para estar al tanto de la concentración mediática.

· Para comprobar que hay vida informativa fuera de los monotemas.

· Para no caer en un pensamiento monolítico y sedentario, y ser autocríticos.

· Para distinguir mejor la escenificación de la política.

· Para empujar a la profesión periodística a mejorar.



Una sociedad tan variada y compleja se observa mucho mejor desde la pluralidad. Contrastando se adquiere una mayor solidez argumental; observemos si lo hacen los profesionales de la comunicación. Vigilemos la carga semántica de las noticias y sus titulares. Desmitifiquemos, encontremos eufemismos, reiteraciones y masajeos. Detectemos las omisiones y sus posibles causas. Y comparemos también la selección de las fotografías publicadas, los gestos de las personas retratadas, los planos escogidos, que pueden responder a una determinada línea editorial. Todo el mundo, según el momento en el que se tome una instantánea, puede parecer más o menos amable o atractivo. En la fotografía el azar existe, pero la intencionalidad también.

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